
El sábado por la noche sucedio lo siguiente:
Descanso en el sillón tranquilamente y escucho un crujido, me levanto, veo al techo y he ahí,
astuta y de exquisita forma, con su cuerpo semi-café y el trasero levantado como el de un escorpión cuando va a atacar. ¡Es una cucaracha ninja! Se encuentra en el techo en su máxima expresión de ataque.
Me asusto y corro a buscar ayuda. Mi madre, como siempre, hace caso omiso a mi desesperada súplica. Me tenso y escucho otro crujido. Corro de vuelta y de nuevo veo al techo. ¡Más cucarachas ninja! Deslizándose del techo en finas telas de araña. Me recuerdan a la famosa escena de Tom Cruise en Misión Imposible. Cautelosas y exactas, pero crujientes. Son demasiadas, no puedo contra ellas. Me desespero y empiezo a llamar a mi madre alarmada: "Mami veni... ¡Apurate!"... No hay respuesta.
Trato de pegarle a una con un sobre, pero fallo. De pronto, siento algo que cae del techo en mi espalda. Frío y con muchas patas, revolotea. Empieza la danza arítmica del pánico y empiezo a gritar. Ella revolotea sus alas mientras yo trato de quitarmela de encima. Escucho su crujido, ese crujido...
Luego, mi desesperación llega a su límite y ¡PUF! Abro los ojos agitada...
Escucho un crujido. Es la lluvia que cae delicadamente en la calle, la relajante lluvia y yo, cucarachas ninja... ¡Que absurdo!